PLAZA MIRADOR PUNTA DEL TRUENO

PLAZA MIRADOR PUNTA DEL TRUENO

Nombre del Proyecto: PLAZA MIRADOR PUNTA DEL TRUENO Ubicación: Punta de Tralca, comuna de El Quisco Donantes: Savory Intervención: 2.500 m² Arquitectos: Alexandra Nicolaides, Pedro Troncoso y Nicolás Cruz

La “Plaza Mirador Punta del Trueno” se concibe como una infraestructura pública que articula el borde costero de Punta de Tralca con la vida comunitaria de El Quisco, respondiendo a la necesidad de un espacio abierto, accesible y significativo para el encuentro y la contemplación. El proyecto surge desde un proceso participativo que relevó la importancia de fortalecer el vínculo cotidiano entre la comunidad y el mar, integrando el paisaje como un componente activo del diseño arquitectónico.

La propuesta se estructura desde una lógica de diálogo y respeto con el entorno natural, privilegiando recorridos continuos, vistas abiertas y espacios para la permanencia. La intervención redefine la relación entre la costanera y el paisaje mediante una estrategia paisajística que reemplaza superficies duras por áreas verdes y macizos vegetales, configurados como una franja de transición entre la playa y el tejido urbano. La selección de especies nativas y de bajo consumo hídrico refuerza la identidad ambiental del lugar y promueve una experiencia de contemplación vinculada al ecosistema costero.

El proyecto incorpora dispositivos arquitectónicos orientados al uso comunitario y a la activación del espacio público. El mirador enmarca visualmente la Piedra del Trueno, consolidándose como un punto de observación privilegiado, mientras que los columpios orientados hacia el mar proponen una relación directa y lúdica con el paisaje. El anfiteatro abierto, propuesto por la propia comunidad, recupera la memoria del lugar como espacio de encuentro cultural, habilitando actividades comunitarias que habían dejado de realizarse por el deterioro de la infraestructura previa.

La “Plaza Mirador Punta del Trueno” es el resultado de una relación estrecha entre arquitectura y comunidad, donde el diseño recoge memorias, usos y aspiraciones locales. Cada decisión proyectual —desde el trazado y la materialidad hasta el paisajismo y los espacios de encuentro— responde a la forma en que la comunidad habita su borde costero, consolidando el proyecto como una obra que fortalece el sentido de pertenencia, el cuidado colectivo y la conexión cotidiana con el territorio.